jueves, 11 de agosto de 2011

A veces, te das cuenta de que nunca hay suficientes abrazos

Y, de repente, llega un día en el que ocurre algo que te hace abrir los ojos. Uno de esos días en los que aprecias cuánto de real es aquello que vivimos.
Como si nada, abres bien los ojos y te das cuenta de muchas cosas. De que los problemas del día a día son realmente insignificantes, de que el amor que verdaderamente importa y el que debemos tener miedo de perder es el de la familia y los buenos amigos, y de que cada instante, por pequeño que pareza, cuenta. Y vemos de cerca la razón que tenía aquel que dijo que hay que vivir cada día como si fuera el ultimo, porque las cosas cambian mucho, y muy rápido.
Hay personas que, en los momentos menos esperados, te enseñan esta clase de cosas. Que lo que jamás hay que perder además de la esperanza es la fuerza. Y lo que debemos dejar de lado es el miedo. Es bonito ver cómo alguien se enfrenta a los problemas con una gran sonrisa por delante.
Porque llega esa clase de días en los que aprendes que basta ya de tonterías. Que lo importante no es entrar en una buena carrera, saber qué ponerme hoy o los meses de vacaciones.
Aquí, lo verdaderamente importante, son las personas.

miércoles, 27 de julio de 2011

Carta a quien fuiste

Ha pasado tiempo. Mucho, en realidad, y supongo que lo sabes. Más bien, tengo la esperanza de que lo sepas dado que durante todos estos días no ha habido uno solo de ellos en los que no mirara sin pestañear a las agujas del reloj, suplicándoles que cambiaran de sentido.
¿Te acuerdas de mí? Pero qué digo... ni siquiera yo misma recuerdo a aquella chica que fui. Aunque tú también has cambiado. Todo ha cambiado, a mi parecer.
Dicen que los años no pasan en balde y creo, o deseo creer que, tanto a ti como a mí nos han ayudado. Al menos yo dejé atrás a esa persona que era cuando estaba junto a ti. Recopilé todo lo aprendido y, con el paso de los días, fui convirtiéndome en otra totalmente distinta. Supongo que tú habrás hecho lo mismo. Aún, desde la distancia, lo noto. Es un aire diferente, distinto al que ambos respirábamos cada mañana.
El tiempo pasó haciendo de las suyas, cambiando lo que creíamos que no cambiaría y moviendo nuestro mundo cada vez más centímetros. Dicen que esto es crecer. Si es así, yo he crecido, al igual que tú, pero he de reconocer que no olvido, y espero que tú tampoco.
Si te escribo esto es para decirte que, por fin, paso página. Que hago lo que debí hacer hace ya mucho tiempo. Sigo adelante sin más, dejando en su sitio todo lo que nunca debió moverse de su lugar. Pero, antes, he de pedirte algo.
Se que todo ha cambiado, que no somos los mismos y nuestros caminos mucho menos. Pero, por favor, no me olvides. Recuerda a aquella que fui a tu lado, a la de la carcajada permanente y los chistes tontos. A la de los abrazos a menudo y la música deprimente. 
Por un momento, sólo por un momento, deja volar tu imaginación. Toma una máquina del tiempo y regresa a aquellos días. Coge un pedacito de cada uno de ellos y guárdalo para siempre.
Yo, mientras tanto, seguiré recordando a aquel chico de sonrisa sincera y camisetas de dibujos. Ese que llamaba a las tres de la madrugaba para hablar de nada y al que me encantaba abrazar.
Se que ahora todo eso queda muy atrás, pero aún guardo la esperanza de que, en algún momento, esas dos personas que fuimos lleguen a reencontrarse y vivan todo aquello que el tiempo no les dejó vivir juntos. 


Recuerda hasta las cosas más simples. Siempre fueron las más importantes. 

viernes, 22 de julio de 2011

De vez en cuando

Era una sensación extraña, como de ahogarse en sí misma. Supongo que los días habían cambiado mucho con el paso del tiempo, o, tal vez, es que me aferro a pensar que es así, pero la cuestión es que ella, la chica de la sonrisa dulce que apenas se borraba, ya no era la misma.
De un día para otro vio cómo hasta las mas pequeñas ilusiones, a veces, también se quiebran. Se dio cuenta de que darlo todo por todos no siempre significa un pacto de lealtad y el asegurarse unos días mejores. Ahora, todo aquello ya habia pasado.
Y es que hay determinadas ocasiones en las que, a pesar de todo, cuando más lo necesitas buscas y sólo ves siluetas marchándose, dispuestas a pasar de largo. Se dio cuenta de todo esto, tal vez, demasiado tarde. Tan tarde como para verlo y empezar a correr hacia el otro lado.
¿No has sentido nunca esas ganas de correr en contra de la marea en busca de una pizca de libertad, apartándote de este mundo que, muy a menudo, hace daño? Pues yo creo que es eso lo que ella, esa chica que siempre fue tan ingenua, debió sentir.
Porque corrió y corrió en busca de nuevas caras, nuevas miradas y nuevos abrazos que no la defraudaran, aun sabiendo que, inevitablemente, acabarían por hacerlo. Pero, en ese momento, correría hasta encontrar a otras personas nuevas.
Muchos la llamaron ingenua y, sobre todo, loca. Pero, ¿te digo algo? Ahora, a pesar de los años que hace que no veo esos ojos del color del cielo es cuando me doy cuenta de toda la razón que se escondía tras ellos. Porque es hoy cuando yo saldría corriendo sin parar en busca de nuevos caminos.

jueves, 14 de julio de 2011

Hace muchos años conocí a una chica, y es curioso como aún la recuerdo perfectamente.

Apareció un día cualquiera, uno de esos en los que la monotonía se apodera de cada rincón y llega algo que la rompe totalmente. Ella fue ese algo. Con su característica sonrisa y sus ganas locas de vivir irrumpió en mi mundo y, en un instante, hizo que éste quedara patas arriba.
Estaba loca, pero loca de remate; era la hiperactividad concentrada en una única persona. Fue ella quien, cada día, me animó a seguir adelante y a continuar luchando por un sueño que, sin saber ni siquiera cómo, se volvió totalmente real. Me acompañó día sí y día también por un camino tortuoso y complicado, dándome la mano en cada pendiente y contando chistes malos constantemente para amenizar el doloroso trayecto.
Y es que un minuto aburrido a su lado se convertía en una hora de carcajadas aseguradas, de momentos de esos tontos que, sin saber por qué, recuerdas toda tu vida. Así, cada instante con ella fue formando algo tan fuerte que ni siquiera puedes imaginar.
Se convirtió en esa clase de amiga que permanece contra todo pronóstico. Era la clase de persona que lucha por un sueño a pesar de que cueste. Y, ahora, años después, veo como todo aquello costó, pero me alegro al ver también cómo de real se ha vuelto aquel sueño tan suyo.
Ella es así. De ese tipo de personas que cuesta encontrar, pero que llega y, cuando lo hace, es para siempre. Fue esa persona a la que hice prometer que no me olvidaría, y la misma que, aún a día de hoy, no ha roto su promesa.
¿Sabes? Dicen que las pequeñas cosas crean grandes recuerdos. Tan solo por el corazón tan inmensamente grande que tenía a ella no se la podía considerar una cosa pequeña, te lo aseguro. Pero es cierto que creó a mi lado algo mucho más grande: una historia. Una historia digna de ser contada, con altibajos como otras tantas, con distancia y despedidas, pero con muchísima amistad y cariño que hacían de lo demás un mero bache en nuestro camino.
La distancia y el tiempo nos juegan malas pasadas rompiendo lazos que creíamos unidos y distanciando a personas que luchaban por no separarse nunca. En nuestro caso, es cierto que hubo cambios, muchos si te soy sincera. Hubieron cientos de despedidas, pero también cientos de reencuentros. Y hubo días de echar a correr en busca de, al menos, uno de aquellos chistes malos, pero sabía que faltaba cada vez menos para que volviera aquí a contarlos, aunque ya los hubiera oído mil veces. Así que me alegro de que el final, a veces, como en nuestro caso, no encuentre su momento. Han pasado muchísimos años y ella sigue aquí, al igual que el primer día.
Ojalá tú puedas vivir algo como eso. No todos tenemos la suerte de encontrar a alguien así, pero te aseguro que los afortunados lo somos de por vida.

Para la chica de la sonrisa permanente. Feliz 18 cumpleaños 
Te quiero muchísimo

lunes, 11 de julio de 2011

Y ya no hay vuelta atrás

¿Y si hubiera hecho algo diferente? ¿Y si hubiera dejado a un lado el miedo, soltándolo todos sin tapujos? ¿Y si le hubiera dicho lo que creía tan evidente?
En ese momento se hizo mil y una preguntas, y respondió a tan pocas... Había pasado muchísimo tiempo desde que se fue, y aún la idea de haber podido cambiar algo le rondaba constantemente. Tenía claro que, si existieran las máquinas del tiempo, cualquiera era el momento oportuno para montarse en una y regresar a sus brazos.
Regresar de nuevo a aquel día, al menos, a cinco minutos antes de verlo partir por última vez. Agarrar fuerte su mano y retenerlo diciéndole que no diera más pasos, que se quedara a su lado porque, de cualquiera de las maneras, lo necesitaba. Lo necesitaba en su vida a cada instante. 
¿De verdad esa frase hubiera cambiado algo? No tenía ni la menor idea. En el instante en que le vio partir pudo hacer muchas cosas, había miles de opciones y ella eligió una, la más cobarde sin duda. Entre todo el caos de su cabeza, entre ese barullo de recuerdos y arrepentimiento sólo tenía claro algo: él ya no estaba, y hubiera elegido cualquiera de las otras muchas opciones con tal de que permaneciera a su lado costara lo que costase. 

martes, 28 de junio de 2011

Aunque ni siquiera lo imagines

Yo fui aquella que caminó más deprisa por permanecer a tu lado, la que corría si era necesario en busca de una de tus sonrisas, y la que soñaba despierta con cada carrera.
A pesar de que no lo sepas, aunque ni tan siquiera lo imagines, cada uno de mis suspiros tenía nombre propio, al igual que cada lágrima. Ese día en el que te dije que no te alejaras de mi lado pretendía que me abrazaras con fuerza y me susurraras al oído que no te moverías un ápice. Y ese otro en que prometí no olvidarte, lo hice mucho más en serio de lo que hasta yo misma creía.
Y, aunque no pienses que esto va dirigido a ti, he de decirte que, desde esa tarde de helado de chocolate y bromas, empecé a darme cuenta de que no eres esa clase de persona que pasa por mi vida sin dejar rastro, ni lo serás nunca. Tú eres esa clase de persona que, como otras tantas, se marcha, pero con una diferencia: me enseñaste. Directa o indirectamente gracias a ti aprendí que, a veces, es mejor decir adiós. Aprendí a tirar el reloj por la ventana y a disfrutar de cada momento como si fuese a repetirse eternamente. Me ayudaste a formar mi yo de hoy y, por ello, desde la distancia, te doy las gracias.
Porque me di cuenta de que las personas especiales también se marchan de tu vida, pero siempre dejan huella.

Por todos aquellos especiales que se han marchado o lo harán. Ni siquiera el tiempo consigue borrar esta clase de recuerdos.

jueves, 23 de junio de 2011

Se trataba de la noche más mágica del año

Arena, mar, pies descalzos, sonrisas, luna, estrellas, música, bailes, fuego y, sobre todo, sueños; mil y un sueños.
Esta era una noche especial, una de esas en las que se olvidan todos aquellos problemas de cada día y son sustituidos por pequeños papeles llenos de deseos en los que depositamos todas y cada una de nuestras esperanzas para que se vean cumplidos. 
Y es que, ¿qué más da si no se cumplen? Dicen que la esperanza es lo último que se pierde y, en una noche como esta, todos la tenemos siempre muy a mano. Es cuestión de desconectar, de dejar pasar las horas viendo cómo sonríes y cómo todos tus problemas se desvanecen como el fuego que arde ante tus ojos. Se trata de disfrutar, de comenzar el verano con buena cara, esperando que la sonrisa que se te dibuja no se borre en los meses que quedan por delante.
Y teniendo en cuenta siempre que, algunos sueños, se vuelven realidad. Sólo por eso ya vale la pena.


Feliz noche de San Juan a todos. Disfrútenla muchísimo y no olviden la sonrisa.
Naïve

domingo, 12 de junio de 2011

Hay miradas que lo cambian todo

Avanzaba por una calle desierta mientras la ciudad dormía. A cada paso, veía desaparecer el mundo a su espalda. Todo se desvanecía, quedando tan solo ella y sus absurdos sentimientos.
Por un momento se sintió sola, pero lo sabía; sabía que él estaba allí o, al menos, todo lo que ella había podido guardar: su recuerdo. 
Y es que todos tenemos nuestro punto débil, y ella se había dado cuenta hacía ya tiempo de quién era el suyo. Desde ese día que decidió jugar todo a una sola carta; desde ese estúpido día en que optó por saltar al vacío sin medida de seguridad alguna con la certeza de que él la sujetaría en el momento exacto. Desde aquel día en el que el miedo a enamorarse desapareció, todo empezó a estar perdido. Porque él no la cogió, y ella cayó al vacío totalmente sola, al igual que ahora. 
Dicen que quien no arriesga no gana, pero ella sabía que había arriesgado demasiado, y ahora ya era muy tarde para dar marcha atrás. A partir de ese día, tanto ella como su recuerdo caminarían siempre juntos de la mano, y eso era algo con lo que tendría que aprender a convivir.

martes, 31 de mayo de 2011

Con eso me basta

En ese momento, estoy segura de que alguien le dio al pause, porque todo paró de golpe. Pude ver todo mi alrededor, a esas personas conocidas y a él, que mantenía una de esas conversaciones conmigo; una de las nuestras, que no ocurren diariamente, por lo que son cada vez más especiales.
Así que cerré los ojos y deseé con todas mis fuerzas que aquel fuera uno de esos momentos tan aparentemente normales que, sin saber por qué, recuerdas siempre. Aprecié cada pequeño detalle, sabiendo que cada vez quedaba menos para el fin de nuestras conversaciones especiales. Los caminos se separan y, a estas alturas, yo no podía hacer ya nada al respecto.
En ese momento, alguien volvió a presionar otro botón, en este caso, el play; y yo volví a la realidad, continuando con nuestra conversación. Y sonreí. Sonreí al ver como, a pesar de todo, esa era una conversación nuestra, tal y como las otras muchas que empezaron hace ya doce años.


Como dice aquella canción "La vida se nos va como el humo de ese tren", y yo me alegro de que, a pesar de eso, hay ciertas cosas que no cambian. Y aún espero a que no lo hagan. 

miércoles, 25 de mayo de 2011

Y no te sueltes

Con el paso de los años, viendo abiertas sus cicatrices día sí y al cabo de dos más también, se dio cuenta de que, para olvidar, todos necesitamos aferrarnos a algo que nos ayude a levantar la vista del suelo y observar todo lo que nos habíamos estado perdiendo. Ella lo hizo. Se agarró fuertemente a sus amigos y a su familia. Se aferró a sus sueños, a sus ilusiones y a las miles de esperanzas depositadas. Esquivó su ilusión de verle, al menos, una vez más, sustituyéndola por sus ganas de sonreír en la cima de su propia montaña. Rechazó cualquier atisbo de recuerdos a su lado, por muy inolvidables que parecieran, y empezó a mirar hacia ese futuro cada vez más cercano en el que, al fin, sería feliz.
Tras mucho tiempo intentándolo, borró su huella definitivamente de su piel. Y es que se dio cuenta de que olvidar es difícil sólo si tú haces que lo sea.


Uno de mis pocos días algo optimistas.
Gracias por leer y comentar :)
un abrazo fuerte, Naïve.

viernes, 20 de mayo de 2011

Es hora de despedidas

Y llega el momento en el que te das cuenta de que se acabó, que toda salida tiene una meta y que, al parecer, esta carrera fue más rápido de lo esperado. Y te remontas a años atrás, hacia el primer día en que pisaste este lugar, dándote cuenta de que, sin duda, las cosas han cambiado, y mucho. Los miles de momentos vividos entre esas cuatro paredes se convierten en un álbum abierto, repleto de instantes, de risas, lágrimas, nervios, abrazos, estrés, locuras, sueños y, sobre todo, amistad. Los recuerdos se acumulan en nosotros y aparece esa nostalgia a dejarlos marchar, a cerrar una puerta para abrir otra. Pero sabemos que, ahora, toca decir adiós.
Sin darnos cuenta, ya estamos pisando sobre aquello a lo que, hasta no hace mucho, llamábamos futuro. Eso que no dejábamos de planear, acerca de lo que teníamos mil sueños y mil y una esperanzas. Ese futuro que, de un día para otro, se convirtió en presente. 
Y, cuando sales por esa puerta por última vez sólo piensas que ya nada va a volver a ser como antes, pero, ¿sabes qué? los recuerdos no se borran, y está más que claro que, en este lugar, tenemos millones de ellos.


Para todos ellos, bienvenidos a nuestro particular futuro.
Gracias por formar parte de esto

domingo, 15 de mayo de 2011

Y, después del adiós, ¿qué se supone que hay que hacer?

Y volví. No me preguntes por qué pero volví al lugar donde nos conocimos. Ese lugar que no pisaba desde el día que te marchaste, y el mismo en el que viví momentos increíbles, todos contigo.
Me senté donde siempre, con la esperanza de que allí quedara un poquito más de ti. Se trataba de recopilar pedacitos de ti para llenarme un poco más a mi.
En ese momento vi a alguien pasar. Eras tú, no me lo podía creer. ¿Qué hacías allí? Y, peor aún, ¿qué hacía yo allí? No quería que me vieras, por lo que traté de disimular. Aún así, me viste, como siempre.
Sabía que no te acercarías, había pasado demasiado tiempo, pero está claro que, desde aquel día, nada volvió a ser lo mismo. El fuego se convirtió en hielo, y nuestros caminos, que habían terminado formando uno solo, se separaron más que nunca, convirtiéndose en dos rectas totalmente paralelas, aunque, todavía, tu creabas unos cuantos baches en el mío.
Te sentaste en el césped, tú solo con tus pensamientos, de los cuales yo ya no era partícipe. Yo me dediqué a mirarte, a asegurarme de que tus rasgos no habían cambiado, de que esos ojos seguían siendo igual de profundos y de que esas mejillas continuaban sonrosadas. De vez en cuando, levantabas la vista y mirabas hacia donde estaba, mientras yo, torpemente, intentaba hacer como si leyera un poco.
Las horas pasaron volando. No me cansaba de estar así, de ver que estabas bien aunque no me lo contaras, de comprobar que, aparentemente, seguías siendo el mismo, a pesar de que no pudiera darme cuenta por mí misma. Te levantaste del césped y me miraste. Esta vez, yo no te evité. Me sonreíste y te fuiste por donde habías venido, mientras yo veía cómo te alejabas de nuevo.
Te voy a echar de menos”- pensé. Y, de hecho, pareciste oír mis pensamientos porque, entonces, diste media vuelta y me miraste. No me preguntes por qué, pero en ese momento supe que ese era nuestro particular adiós, que se había acabado. Tú debiste pensar lo mismo, porque te despediste con la mano y me enseñaste esa sonrisa, la de siempre, en la que te salían ese par de hoyitos tan especiales. Una como las miles en las que yo me había sumergido y de las que nunca quise salir. Pero, esta vez, simplemente cogí esa sonrisa y la guardé en lo más profundo de mis recuerdos.


martes, 3 de mayo de 2011

Y los sueños, sueños son

Se encontraba sentada en medio de la nada, ahogándose en su propio dolor y lamentándose por todo lo que pudo llegar a ser y no fue. De hecho, llevaba bastante tiempo en la misma situación.
De repente, una silueta se acercó, y ella, aunque inmensamente feliz al reconocerlo y ver cómo se acercaba, también sentía una gran desconfianza. Temía que fuera una ilusión más de las suyas.
Pero llegó a su lado, le dio la mano y la ayudó a levantarse de una vez por todas. Ella, no pudo más que llorar. Lágrimas de felicidad.
Luego, la abrazó fuerte, muy fuerte. Como si con ese abrazo le asegurase no moverse de su lado nunca más.
Ella, por su parte, sonrió. Después de tanto tiempo volvió a sacar esa sonrisa que sólo él provocaba, y ahora más que nunca.
- Gracias.
- ¿Por qué?
- Por volver.
Abrió los ojos de golpe. Lo oscuro de la habitación le indicó que no había amanecido aún. Buscó la luz a tientas y se incorporó en la cama. Estaba tan acostumbrada a esa clase de sueños...
Se dio cuenta de que echarle de menos se había convertido en su día a día.






Últimamente sueño demasiado...
Un beso a todos

domingo, 24 de abril de 2011

Hubo un momento en que se agudizaron todos y cada uno de sus sentidos

Sus pies se hundían en la suave arena húmeda a medida que avanzaba por la playa, mientras pequeñas gotas saladas acariciaban sus tobillos y, de vez en cuando, mojaban su vestido blanco. El sol comenzaba a dar pinceladas anaranjadas y la brisa hacía revolotear su pelo sin ton ni son. 
Caminó durante no se sabe cuánto tiempo hasta que acabó por sentarse en la arena para contemplar la puesta de sol. Respiró profundamente y sonrió; adoraba ese olor, ese perfume a brisa marina que le daba una sensación de libertad increíble.
Fue entonces, en ese momento, cuando se agudizaron todos sus sentidos. Al principio no se había percatado pero, poco a poco, su mente fue recopilando detalles de ese lugar, llevándola a través del tiempo, hacia unos meses no tan lejanos que a ella le parecían eternos. Se recordó sentada sobre esa arena, dibujando cosas sin sentido sobre ella y haciéndole rabiar cada vez que lo salpicaba con el agua salada. Él. Él siempre permanecía a su lado contándole mil y una historias que ocurrían más allá de la línea del horizonte y abrazándola muy a menudo. 
De repente, el lugar comenzó a impregnarse de todos y cada uno de esos momentos. Los recuerdos de aquel verano inolvidable la invadieron por completo, pero esta vez era diferente a las demás. Esta vez no tuvo que salir corriendo evitando, como siempre, al pasado. Esta vez continuó sentada, contemplando el atardecer y, aunque recordando, haciéndolo con una sonrisa bien dibujada en la cara. Y se alegró al ver que la historia de nunca acabar había llegado a su fin.


Ahora, era el momento de vivir nuevos atardeceres.

Premio primavera ♥

Muchísimas gracias a Coquette y su baúl de sueños (http://coquetteysubaul.blogspot.com/) por este premio. Me alegra que te hayas acordado de mí a la hora de entregarlo y, sobre todo, que te guste el blog. 
Como siempre, espero que disfrutéis tanto leyendo como yo a la hora de escribir que, sin duda, es muchísimo :)


Mis premiados son:
Cada quien hace su propia definición de la perfección (http://fragelle.blogspot.com/)
- El cielo es de muchos colores. (http://palabrasquesusurraelviento.blogspot.com/)
- Boleto de viaje (http://in94hours.blogspot.com/)

Felicidades a los premiados y un abrazo enorme a todos. Gracias por estar aquí