¿Y si hubiera hecho algo diferente? ¿Y si hubiera dejado a un lado el miedo, soltándolo todos sin tapujos? ¿Y si le hubiera dicho lo que creía tan evidente?
En ese momento se hizo mil y una preguntas, y respondió a tan pocas... Había pasado muchísimo tiempo desde que se fue, y aún la idea de haber podido cambiar algo le rondaba constantemente. Tenía claro que, si existieran las máquinas del tiempo, cualquiera era el momento oportuno para montarse en una y regresar a sus brazos.
Regresar de nuevo a aquel día, al menos, a cinco minutos antes de verlo partir por última vez. Agarrar fuerte su mano y retenerlo diciéndole que no diera más pasos, que se quedara a su lado porque, de cualquiera de las maneras, lo necesitaba. Lo necesitaba en su vida a cada instante.
¿De verdad esa frase hubiera cambiado algo? No tenía ni la menor idea. En el instante en que le vio partir pudo hacer muchas cosas, había miles de opciones y ella eligió una, la más cobarde sin duda. Entre todo el caos de su cabeza, entre ese barullo de recuerdos y arrepentimiento sólo tenía claro algo: él ya no estaba, y hubiera elegido cualquiera de las otras muchas opciones con tal de que permaneciera a su lado costara lo que costase.
