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martes, 3 de julio de 2012

¿Destino?

Se había pasado la noche escribiendo. Mientras las gotas de agua no dejaban de llamar a su ventana, ella, al otro lado, no podía hacer otra cosa que escribir. No lograba entender. Después de tanto, todo terminó por convertirse en nada. Lo que creía perfecto se esfumó casi tan rápido como había aparecido por primera vez. ¿Y qué hacer? ¿Qué hacer cuando lo más importante que tienes contigo se va sin ni siquiera decirte adiós?
Siendo sinceros, todo esto era de esperar. Algún día las historias terminan, y eso lo sabía, pero, sin entender muy bien por qué, siempre había deseado que esa historia, esa tan suya, tan de ellos dos, fuera para siempre. Ahora, viendo cómo su mundo corría cuesta abajo no podía hacer mas que llorar, supongo que de impotencia, de lástima. Llorar porque, al fin y al cabo, duele. Y no dejaba de preguntarse, simplemente, por qué. Por qué la persona más importante, la persona a la que más había querido en toda su vida había decidido olvidarla por completo, empezar como si ella no hubiera existido nunca, como si esos amaneceres abrazados escuchando a The Fray sin parar sólo hubieran sido producto de su imaginación ¿Y ahora qué? Ahora sólo tenía ganas de desaparecer, de que esas absurdas cuatro paredes de cayeran y, con ellas, todos los recuerdos que albergaban. Ahora, sólo quería dar marcha atrás en el tiempo y suplicarle que no se moviera de su lado. 
"Supongo que los sueños no existen, y mucho menos para mi" - terminó por escribir. 
Al otro lado de la ciudad, un chico, con un bolígrafo azul y muchas ganas de desaparecer escribía exactamente lo mismo. Y yo no creo que fuera casualidad. Tiempo después ocurrió lo que tenía que ocurrir. 

    - ¿Dónde has estado todo este tiempo, cuando el mundo parecía caerse a mis pies?
    - ¿Y tú? ¿Dónde has estado tú?

Al final, simplemente, mariposas.




lunes, 9 de abril de 2012

Y, al final, te alegras de que las cosas no fueran de otra manera

"¿Puedes imaginar lo que es despertar cada mañana con una sonrisa, y que ésta permanezca las 24 horas que quedan por delante? Te aseguro que, hasta hace poco, yo era de esos que creía que las sonrisas, las de verdad, no existían, y que la felicidad no era más que un cuento de hadas. ¿Sabes? No te puedes imaginar lo equivocado que estaba. Y es que no contaba contigo, con que aparecieras tal y como lo hiciste y que, en un abrir y cerrar de ojos, pusieras mi mundo patas arriba. Yo no contaba con un destino en el que ya había dejado de creer, y con que, a veces, simplemente, pasa que un rayo de sol se abre camino entre tantas nubes. Pasa que, después de todo, sonreír se vuelve casi tan fácil como respirar, y me doy cuenta de que, hasta que me topé contigo, la palabra felicidad no se había dignado a aparecer en mi diccionario.
Y es ahora cuando me paro a pensar en qué momento comenzó todo, y me doy cuenta de que todo comenzó mucho antes de lo que pensábamos. De que, si de verdad esperaba sonrisas, tenían que ser las tuyas."

Se recostó contra su pecho y suspiró. Sabía que él siempre había sido una persona de pocas palabras, pero de muchas letras. Todo lo que sentía, todo lo que decía tan solo con una mirada estaba plasmado ahí, en esa hoja de papel que ahora ella tenía entre sus manos.


Fue entonces cuando se dio cuenta de que los suspiros son también de felicidad.

lunes, 27 de febrero de 2012

Cuando la vida empieza a sorprenderte

Había pasado demasiado tiempo, demasiados veranos y demasiados inviernos repitiendo constantemente la misma historia. Habían pasado días, meses e, incluso, años viendo cómo todo avanzaba a su alrededor, cómo todos continuaban con sus vidas excepto ella. Y es que, sin saber ni siquiera el por qué, su vida había quedado anclada en un Septiembre, hasta el momento, inolvidable. Un absurdo mes en el que a las cosas les dio por empezar a volverse grises, por empezar a doler.
Y Septiembre trajo consigo Octubre, y este Noviembre, y, así, una sucesión de días en los que las páginas del calendario no dejaban de avanzar, recordándole que, a pesar de que las horas pasasen, todo continuaba exactamente igual que aquella tarde de principios de Otoño tras la que, sin saber por qué, comenzó a vivir en blanco y negro.
Dicen que las cosas cambian cuando menos te lo esperas y, aunque ella había optado por no hacer caso a esta afirmación desde hacía tiempo, llegó el momento en el que pudo sentir la realidad de las palabras de todos aquellos que la pronunciaron. Porque un día, de repente, y prácticamente sin avisar, su mundo dio un giro de 180º. Las sonrisas empezaron a florecer y el gris comenzó a ser desplazado por una oleada de colores intensos.
Y es que, a veces, pasa. A veces, acabas por comprender que el pasado consigue evaporarse con apenas un par de sonrisas sinceras, y logras entender aquello de que, tras la tormenta, acaba por salir el sol. Ocurre que, después de todo, le encuentras el sentido a aquellas palabras que cantaban a través de tus auriculares y confías en que los deseos al soplar las velas en tu cumpleaños se vuelven realidad.
Vivió durante demasiado tiempo una situación que ni siquiera ella misma había conseguido soportar del todo. Sin embargo, a partir de ese día, todos esos momentos se habían desplazado hacia el lugar del que nunca debieron moverse: el pasado.
Cuando llega alguien que te hace mirar hacia delante, que, por fin, pone esa barrera para dejar el pasado al otro lado y consigue que no veas más allá de unos ojos que no paran de mirarte de esa manera. Cuando empiezas a sonreír por las mañanas, por las tardes, por las noches, y cada segundo del día si sabes que esa persona está ahí. Cuando descubres que es mentira eso de que la perfección no existe, porque has vivido momentos perfectos con una persona perfecta. Cuando Septiembre se desplaza y sólo piensas en un Febrero inolvidable. Cuando ocurren tantas cosas buenas que eres incapaz de creerlo... te aseguro que no hay nada mejor que eso.


Sin retrocesos, sin dudas, sin destino. 

miércoles, 9 de noviembre de 2011

Dedica una sonrisa a cada día

Apareció en el momento exacto, como por arte de magia, sin avisar. Se materializó ante sus ojos y, sólo con verla, una sensación de alivio la recorrió desde la punta de la nariz hasta los dedos de los pies. Tomó el sobre blanco en sus manos, se sentó en la cama y lo abrió. Ya era la segunda carta suya que encontraba en su habitación. Ahora más que nunca tenía claro que M no iba a dejar de sorprenderla. 


Querida V:
Se que no estoy a tu lado y eso, aún ahora, pensándolo, hace que se me caiga el mundo en los pies. Y es que quiero estar, cada día, cada segundo. Incluso en aquellos que, se, serán días oscuros, de esos en los que el cielo parece cubierto por una capa tan espesa que no dejaría por nada del mundo pasar un solo rayo de sol. Días en los que todo esto pueda contigo, en los que trates de mirar el final del camino y no dejes de toparte con un estúpido muro que te impedirá ver cómo acaba esta historia. Se que, tanto para ti como para mí, la mayoría de las veces, aparecerán muchos más días de este tipo de los que podremos llegar a contar pero, ¿te digo algo? Si te topas con un día gris sólo tienes que hacer una cosa: colorearlo. 
Por favor, V, no dejes de mostrar un solo segundo esa sonrisa que tanto me encanta. Sonríe hasta cuando las pequeñas gotas de lluvia te hagan cosquillas en la frente en un día de verano. Aunque esos días grises se topen en tu camino, apártalos con una de esas carcajadas sonoras que estoy seguro de que, esté donde esté, quiero escuchar. 
Y no dejes de luchar un solo instante porque, tal y como he aprendido desde que te conocí, a veces, sólo a veces, algunos sueños se tornan realidad, y sólo por eso ya merece la pena haberlo intentado, te lo aseguro.
Ahora, aunque no esté ahí contigo para abrazarte en estos días, espero que sientas, al menos, que estoy un poquito más cerca. Se que me estaré arrepintiendo de no haberte dado suficientes abrazos, pero creo que, para ti, nunca los habría. 
Cuento los movimientos de las agujas del reloj para tenerte cerca.
Te quiero mucho, pequeña. Recuérdalo siempre.
                   M.




Y es que daba igual que las nubes cubrieran por completo el cielo de la ciudad. En ese momento, en esa pequeña habitación, los colores aparecieron y comenzó a reír.

miércoles, 19 de octubre de 2011

Y, en pleno Otoño, pareció Primavera

Aquel era un día cualquiera, de esos en los que, al despertar, la luna le dio los buenos días al otro lado de la ventana. Un día en el que se puso en pie con la pereza de cada mañana, cogió sus cosas y salió de casa con la misma cara de dormida de siempre. Se trataba de uno de esos días tan comunes en los que, de repente, se rompe toda la monotonía. Porque se dio cuenta de que algo había cambiado, y para eso bastó muy poco.
Supongo que existen esa clase de días, en los que abres bien los ojos y observas cómo pudiste superar obstáculos. Días en los que te das cuenta de que los recuerdos, a veces, tienen fecha de caducidad y, aunque nunca pensó que pasaría, se alegró de que, al menos, esa clase de recuerdos, la tuvieran.
Y esa mañana, simplemente, pasó. Los cambios generan a su vez más cambios, y ese aire con aroma diferente la bombardeó sin preguntar siquiera. Mientras andaba por esa calle, mientras pisaba esas aceras que pisaba cada mañana, comenzó a comprender que, después de la tormenta, sale el sol; y, aunque no aparezca de repente y mucho menos rápido, esa mañana se dio cuenta de que algunos pequeños rayos ya empezaban a acariciar sus mejillas.


Son días en los que te das cuenta de que, con una sonrisa, sólo con una sonrisa así, es suficiente.

jueves, 8 de septiembre de 2011

I'll always remember you.

La bocina del coche en la calle llegó a mis oídos justo cuando me disponía a escribir el punto y final en aquella frase. Una frase que lo significaba todo y que ocupó un pequeño papel que coloqué sobre mi mesilla de noche. Sabía que ellas, tarde o temprano, regresarían a mi habitación y lo encontrarían.
Cogí el último bolso que quedaba, caminé hacia la puerta y, antes de cerrarla, me despedí de aquel rinconcito que había vivido tantas cosas conmigo. Bajé las escaleras y salí de casa. Todo recto, rumbo al futuro.
Poco después, ya en el coche, a medida que ese paisaje familiar se difuminaba a través de la ventanilla a causa de la velocidad, me dediqué a buscar un poco dentro de mi misma y a sacar a la luz todos aquellos momentos que guardaba junto a ellas.
Por mi mente circularon recuerdos que abarcaban desde ese primer día de instituto en el que éramos unas desconocidas hasta ese último en el que nos despedimos de aquel rincón tan nuestro.
Habíamos vivido tantas cosas juntas... y el tiempo había pasado demasiado rápido. Ahora, volviendo la vista atrás me doy cuenta de lo grande que llegó a ser esto.
Día si y día también, cada uno de ellos con sus risas, sus tonterías, alguna lágrima de vez en cuando pero, al fin y al cabo, días especiales simplemente por pasarlos juntas. A lo largo de todos y cada uno de ellos creamos esta historia formada por todas nosotras, por nuestros recuerdos y la gran amistad que se creó en tan poco tiempo. Una historia que, sabemos, no se borrará.
Pero las cosas cambian, los días pasan y ahora sólo se que, por el momento, toca decir adiós. Adiós a las ocho y media con caras de dormidas, a las once y cuarto con risas y estrés y a las dos y media con alivio. Adiós a las carreras por culpa de fotocopiadoras averiadas, a los desayunos con compotas y a los "¡Yo en la esquina!". Todo eso ya queda atrás. Y yo no dejo de preguntarme qué hubiera pasado si nunca las hubiera conocido a ellas, a mis chicas. Posiblemente todo sería muy diferente, tanto que no querría por nada del mundo tener unos recuerdos en los que ellas no aparezcan.
A medida que la velocidad del coche me aseguraba que ya estaba llegando a mi destino me di cuenta de algo. Acabamos una etapa, pasamos a una nueva página en este libro que hemos creado a lo largo de estos años y, aunque no leamos este capítulo tan juntas como hasta el momento, se que todas lo leeremos y, sobre todo, que nos quedan muchos capítulos de este libro para encontrarnos de nuevo.




Para todas ellas.
Gracias por todos y cada uno de estos días.

jueves, 11 de agosto de 2011

A veces, te das cuenta de que nunca hay suficientes abrazos

Y, de repente, llega un día en el que ocurre algo que te hace abrir los ojos. Uno de esos días en los que aprecias cuánto de real es aquello que vivimos.
Como si nada, abres bien los ojos y te das cuenta de muchas cosas. De que los problemas del día a día son realmente insignificantes, de que el amor que verdaderamente importa y el que debemos tener miedo de perder es el de la familia y los buenos amigos, y de que cada instante, por pequeño que pareza, cuenta. Y vemos de cerca la razón que tenía aquel que dijo que hay que vivir cada día como si fuera el ultimo, porque las cosas cambian mucho, y muy rápido.
Hay personas que, en los momentos menos esperados, te enseñan esta clase de cosas. Que lo que jamás hay que perder además de la esperanza es la fuerza. Y lo que debemos dejar de lado es el miedo. Es bonito ver cómo alguien se enfrenta a los problemas con una gran sonrisa por delante.
Porque llega esa clase de días en los que aprendes que basta ya de tonterías. Que lo importante no es entrar en una buena carrera, saber qué ponerme hoy o los meses de vacaciones.
Aquí, lo verdaderamente importante, son las personas.

jueves, 14 de julio de 2011

Hace muchos años conocí a una chica, y es curioso como aún la recuerdo perfectamente.

Apareció un día cualquiera, uno de esos en los que la monotonía se apodera de cada rincón y llega algo que la rompe totalmente. Ella fue ese algo. Con su característica sonrisa y sus ganas locas de vivir irrumpió en mi mundo y, en un instante, hizo que éste quedara patas arriba.
Estaba loca, pero loca de remate; era la hiperactividad concentrada en una única persona. Fue ella quien, cada día, me animó a seguir adelante y a continuar luchando por un sueño que, sin saber ni siquiera cómo, se volvió totalmente real. Me acompañó día sí y día también por un camino tortuoso y complicado, dándome la mano en cada pendiente y contando chistes malos constantemente para amenizar el doloroso trayecto.
Y es que un minuto aburrido a su lado se convertía en una hora de carcajadas aseguradas, de momentos de esos tontos que, sin saber por qué, recuerdas toda tu vida. Así, cada instante con ella fue formando algo tan fuerte que ni siquiera puedes imaginar.
Se convirtió en esa clase de amiga que permanece contra todo pronóstico. Era la clase de persona que lucha por un sueño a pesar de que cueste. Y, ahora, años después, veo como todo aquello costó, pero me alegro al ver también cómo de real se ha vuelto aquel sueño tan suyo.
Ella es así. De ese tipo de personas que cuesta encontrar, pero que llega y, cuando lo hace, es para siempre. Fue esa persona a la que hice prometer que no me olvidaría, y la misma que, aún a día de hoy, no ha roto su promesa.
¿Sabes? Dicen que las pequeñas cosas crean grandes recuerdos. Tan solo por el corazón tan inmensamente grande que tenía a ella no se la podía considerar una cosa pequeña, te lo aseguro. Pero es cierto que creó a mi lado algo mucho más grande: una historia. Una historia digna de ser contada, con altibajos como otras tantas, con distancia y despedidas, pero con muchísima amistad y cariño que hacían de lo demás un mero bache en nuestro camino.
La distancia y el tiempo nos juegan malas pasadas rompiendo lazos que creíamos unidos y distanciando a personas que luchaban por no separarse nunca. En nuestro caso, es cierto que hubo cambios, muchos si te soy sincera. Hubieron cientos de despedidas, pero también cientos de reencuentros. Y hubo días de echar a correr en busca de, al menos, uno de aquellos chistes malos, pero sabía que faltaba cada vez menos para que volviera aquí a contarlos, aunque ya los hubiera oído mil veces. Así que me alegro de que el final, a veces, como en nuestro caso, no encuentre su momento. Han pasado muchísimos años y ella sigue aquí, al igual que el primer día.
Ojalá tú puedas vivir algo como eso. No todos tenemos la suerte de encontrar a alguien así, pero te aseguro que los afortunados lo somos de por vida.

Para la chica de la sonrisa permanente. Feliz 18 cumpleaños ♥
Te quiero muchísimo

martes, 28 de junio de 2011

Aunque ni siquiera lo imagines

Yo fui aquella que caminó más deprisa por permanecer a tu lado, la que corría si era necesario en busca de una de tus sonrisas, y la que soñaba despierta con cada carrera.
A pesar de que no lo sepas, aunque ni tan siquiera lo imagines, cada uno de mis suspiros tenía nombre propio, al igual que cada lágrima. Ese día en el que te dije que no te alejaras de mi lado pretendía que me abrazaras con fuerza y me susurraras al oído que no te moverías un ápice. Y ese otro en que prometí no olvidarte, lo hice mucho más en serio de lo que hasta yo misma creía.
Y, aunque no pienses que esto va dirigido a ti, he de decirte que, desde esa tarde de helado de chocolate y bromas, empecé a darme cuenta de que no eres esa clase de persona que pasa por mi vida sin dejar rastro, ni lo serás nunca. Tú eres esa clase de persona que, como otras tantas, se marcha, pero con una diferencia: me enseñaste. Directa o indirectamente gracias a ti aprendí que, a veces, es mejor decir adiós. Aprendí a tirar el reloj por la ventana y a disfrutar de cada momento como si fuese a repetirse eternamente. Me ayudaste a formar mi yo de hoy y, por ello, desde la distancia, te doy las gracias.
Porque me di cuenta de que las personas especiales también se marchan de tu vida, pero siempre dejan huella.

Por todos aquellos especiales que se han marchado o lo harán. Ni siquiera el tiempo consigue borrar esta clase de recuerdos.

martes, 31 de mayo de 2011

Con eso me basta

En ese momento, estoy segura de que alguien le dio al pause, porque todo paró de golpe. Pude ver todo mi alrededor, a esas personas conocidas y a él, que mantenía una de esas conversaciones conmigo; una de las nuestras, que no ocurren diariamente, por lo que son cada vez más especiales.
Así que cerré los ojos y deseé con todas mis fuerzas que aquel fuera uno de esos momentos tan aparentemente normales que, sin saber por qué, recuerdas siempre. Aprecié cada pequeño detalle, sabiendo que cada vez quedaba menos para el fin de nuestras conversaciones especiales. Los caminos se separan y, a estas alturas, yo no podía hacer ya nada al respecto.
En ese momento, alguien volvió a presionar otro botón, en este caso, el play; y yo volví a la realidad, continuando con nuestra conversación. Y sonreí. Sonreí al ver como, a pesar de todo, esa era una conversación nuestra, tal y como las otras muchas que empezaron hace ya doce años.


Como dice aquella canción "La vida se nos va como el humo de ese tren", y yo me alegro de que, a pesar de eso, hay ciertas cosas que no cambian. Y aún espero a que no lo hagan. 

domingo, 24 de abril de 2011

Hubo un momento en que se agudizaron todos y cada uno de sus sentidos

Sus pies se hundían en la suave arena húmeda a medida que avanzaba por la playa, mientras pequeñas gotas saladas acariciaban sus tobillos y, de vez en cuando, mojaban su vestido blanco. El sol comenzaba a dar pinceladas anaranjadas y la brisa hacía revolotear su pelo sin ton ni son. 
Caminó durante no se sabe cuánto tiempo hasta que acabó por sentarse en la arena para contemplar la puesta de sol. Respiró profundamente y sonrió; adoraba ese olor, ese perfume a brisa marina que le daba una sensación de libertad increíble.
Fue entonces, en ese momento, cuando se agudizaron todos sus sentidos. Al principio no se había percatado pero, poco a poco, su mente fue recopilando detalles de ese lugar, llevándola a través del tiempo, hacia unos meses no tan lejanos que a ella le parecían eternos. Se recordó sentada sobre esa arena, dibujando cosas sin sentido sobre ella y haciéndole rabiar cada vez que lo salpicaba con el agua salada. Él. Él siempre permanecía a su lado contándole mil y una historias que ocurrían más allá de la línea del horizonte y abrazándola muy a menudo. 
De repente, el lugar comenzó a impregnarse de todos y cada uno de esos momentos. Los recuerdos de aquel verano inolvidable la invadieron por completo, pero esta vez era diferente a las demás. Esta vez no tuvo que salir corriendo evitando, como siempre, al pasado. Esta vez continuó sentada, contemplando el atardecer y, aunque recordando, haciéndolo con una sonrisa bien dibujada en la cara. Y se alegró al ver que la historia de nunca acabar había llegado a su fin.


Ahora, era el momento de vivir nuevos atardeceres.

jueves, 14 de abril de 2011

Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos.

Y, sin darnos cuenta, llegó el día en el que el tiempo comenzó a hacer de las suyas. Empezó a correr y a correr sin previo aviso y nosotros, totalmente al margen, no nos dimos cuenta. 
De repente, cae la venda y vemos la verdad: todo ha cambiado; todos han cambiado. El cielo ya no es tan azul, lo que era realidad se ve ahora distorsionado, las sonrisas no son tan sinceras y los abrazos, ahora, se piden. 
Y nos quedamos perplejos mirando hacia algo en parte nuevo, pero que, por otro lado, sabíamos que llegaría. Nos quedamos así, como hipnotizados sin poder creer lo que está ocurriendo y sin dejar de preguntarnos en qué momento cambió todo.
¿En qué momento? Pues en todos. En cada uno de esos momentos, por muy pequeño que fuera, íbamos perdiendo algo, hasta que llegó el día en que lo perdimos todo.
Todo, incluso las cosas más pequeñas, acabaron moviéndose de su lugar mientras nosotros hacíamos por evitarlo a nuestra manera. Nos despedimos de cientos de cosas, de miradas, de sonrisas, de personas; pero son cosas que sabemos que permanecerán en nuestros recuerdos para siempre. Sin embargo, aparecen otras sonrisas nuevas, personas que dan giros de 180º a nuestro mundo y experiencias que tampoco olvidaremos. Por eso, creo que el tiempo no siempre va en nuestra contra. 
Despídete con una sonrisa de aquello que se fue, y no lo olvides nunca. Pero sonríe aún más por todo lo que llega.

jueves, 7 de abril de 2011

Mamá, de mayor quiero ser dibujante de sonrisas

Siempre fue su sueño. Por muy alocado que llegara a parecer con el paso de los años, el hecho de dibujar sonrisas en las personas no dejó de resultar nunca una aventura de lo más intrépida. 
Y es que, ¿por qué era todo el mundo tan serio a veces? Jamás lo entendería. Por eso, se dedicó a ello por completo. A lo largo de toda su vida se encargó de dibujar sonrisas en su familia, de sacar ese par de hoyitos en todos sus amigos y de conseguir carcajadas hasta en las personas que no conocía.
Porque ella sabía que la felicidad se compone de pequeños detalles, y una sonrisa siempre ayuda.


Muchísimas gracias a esos 100 seguidores, de verdad. Me alegra que os guste el blog, y espero que disfrutéis tanto leyendo como yo escribiendo.
Un abrazo enorme ♥
Naïve

lunes, 4 de abril de 2011

Recuerdos melódicos

Ni siquiera se dio cuenta de que la canción que escuchaba ya había terminado. Fue un par de segundos más tarde, mientras empezaba a sonar una nueva melodía cuando apreció la familiaridad de aquellas notas. Se reincorporó en el sofá y se le escapó una amplísima sonrisa, una de esas llenas de recuerdos, pero de los buenos.
Hacía tanto tiempo que no escuchaba aquella canción... y es que, ¿quién podría pensar que seguiría teniendo las canciones de Disney en su reproductor de música? Seguramente nadie. Pero, en ese momento, se sintió inmensamente feliz por no haberlas borrado.
Comenzó a tararear la canción que, cómo no, seguía conociendo a la perfección a pesar del paso del tiempo. Recordó entonces las miles de veces que preparaba su habitación y daba un concierto a toda su familia cantando sin parar durante varias horas. También se acordó de las tardes con sus amigas, de las mañanas de recreo en el patio del colegio, y de los días en los que veía una y otra vez las películas cuyas bandas sonoras conocía de memoria y ahora escuchaba a través de sus auriculares.
Le encantaba regresar de vez en cuando a su niñez, escuchar la letra de aquellas canciones y reconocer la dulzura de sus palabras, soñando con cada una de ellas. Desconectar de un mundo de adultos en el que nunca se imaginó estar. 

Recuerdos melódicos que hacían las veces de máquina del tiempo, devolviéndole las sonrisas sinceras que, de vez en cuando, todos necesitamos.

lunes, 28 de marzo de 2011


Una tarde más andaba por una de esas calles de la gran ciudad que la había cautivado hacía ya bastantes años. Sin duda, Londres había cambiado mucho desde entonces.
Las horas habían pasado volando y se sorprendió al ver cómo un tono anaranjado comenzaba a cubrir los tejados de los edificios mientras el sol trataba de ocultarse mucho más allá de lo que su vista pudo alcanzar. Aún así, a pesar de la hora, no dudó en pasear por el parque que se encontraba a tan solo dos manzanas, ese que siempre le gustó y al que acudía cada día rigurosamente. 
Las hojas secas del suelo se acomodaron a su paso lento mientras ella, atentamente, comenzaba a leer todas aquellas palabras escritas en bancos y árboles. Letras que desprendían amor con sólo mirarlas y que, además, contaban historias con las que a ella siempre le gustaba soñar. Fantasmas de cientos y cientos de parejas que acudían a su encuentro. Miles de promesas, muchas cumplidas y otras tantas sin cumplir, quien sabe, pero le encantaba mirarlas y darse cuenta de que, después de todo, existían cosas por las que sonreír. 
Una lluvia suave comenzó a deslizarse por su piel arrugada por el paso de los años. Ella, poco a poco, sacó su paraguas y lo abrió para resguardarse del agua. Decidió volver sobre sus pasos y regresar a casa; ya había sido suficiente por hoy.
Entonces, cuando apenas había dado unos pasos se fijó en el tronco de un viejo árbol que le resultaba familiar, pero en el que nunca se había fijado detenidamente. Se acercó con cuidado y, a duras penas, logró leer lo que, torpe pero románticamente, habían escrito. De repente, los recuerdos la invadieron por completo. ¿Cómo olvidar el día en el que él, mientras paseaba con ella de la mano, se topó con aquel árbol? No pudo más que sonreír de nuevo, con añoranza, pero ahora con la certeza de que existen ciertas cosas que ni siquiera el tiempo consigue borrar.

miércoles, 23 de febrero de 2011

algo nuevo

Las cosas cambian. Etapas y más etapas que se cierran al cabo de un tiempo, pero que nos llevan por nuevos caminos, seguro que alucinantes.
Las cosas se acaban, pero de todas ellas sacamos nuevas experiencias, momentos únicos y, sobre todo, miles de recuerdos, de esos que nos hacen sonreír cuando ya la nostalgia se ha ido a otra parte.
Así que a ustedes dos, que se que siempre acaban perdiéndose por estas líneas, sólo les puedo desear la mejor de las suertes ante esta nueva puerta que se abre en su camino♥

lunes, 7 de febrero de 2011

And when you smile the whole world stops and stares for a while

El tren avanzaba sin cesar. Ella, sentada junto a la ventana, no dejaba de mirar al exterior. El paisaje se difuminaba a causa de la velocidad, pero no le importaba no poder observarlo detenidamente. A cada metro que avanzaba ese tren, más cerca estaba de sus abrazos.
Habían pasado ya dos años, dos años que le habían parecido dos siglos. Pero al fin estaba de vuelta, volvía a casa, volvía a verle.
Miró su reloj, faltaban cinco minutos para llegar. Le parecía increíble que esa eterna espera de 730 larguísimos días empezara a resumirse en cinco minutos para saltar a sus brazos.
Por fin logró ver la estación a lo lejos. El corazón le dio un vuelco y la sonrisa que se le dibujó en la cara no era siquiera imaginable. Sólo dos minutos.
El tren ya se adentraba en la estación, no había parado aún cuando le vio. De pie en el andén con una sonrisa tan indescriptible como la suya.
Se levantó de su asiento apresuradamente y salió disparada hacia la salida. Aún tuvo que esperar unos segundos a que el tren se detuviera del todo y poder bajar. 
Y por fin se detuvo. Abrieron la puerta y ella salió corriendo, soltó las maletas en mitad del andén y le abrazó sin más. Él correspondió a su abrazo y le susurró al oído un te quiero, de esos que ella ya creía olvidados por completo.






Y ahora quería agradecer a Antía Cheshire. (http://candiesandothersdrugs.blogspot.com/) por el premio que me ha dado.
No seguiré las reglas del premio porque me lo han dado hace poquito, pero, aun así, muchísimas gracias Antía, por acordarte de mí, no me lo esperaba :)
un abrazo grande
♥

lunes, 31 de enero de 2011

Make a wish.


¿Quién dijo que no puede hacerse realidad?

domingo, 23 de enero de 2011

Siempre es mejor ponerle un poco de azúcar a los problemas ♥




viernes, 14 de enero de 2011

Se acabó

Paro y cojo aire. Miro hacia el horizonte, creo estar segura de lo que hago.
Por mi cabeza comienza a pasar una secuencia de momentos inolvidables, sobre todo, por el lado negativo que tuvieron. Entonces, poco a poco, la alzo. Bandera blanca contra el destino, contra el tiempo, y contra todas las personas que se quedaron y avanzaron por un camino distinto. Bandera blanca porque simplemente me canso y me rindo ante todo, porque me siento y, por primera vez, no para esperar, sino para empezar de cero, con personas o sin personas, con el tiempo y el destino a favor o en contra, pero empiezo de nuevo. A vivir con lo que tengo, y sintiéndome feliz por ello.