martes, 3 de mayo de 2011

Y los sueños, sueños son

Se encontraba sentada en medio de la nada, ahogándose en su propio dolor y lamentándose por todo lo que pudo llegar a ser y no fue. De hecho, llevaba bastante tiempo en la misma situación.
De repente, una silueta se acercó, y ella, aunque inmensamente feliz al reconocerlo y ver cómo se acercaba, también sentía una gran desconfianza. Temía que fuera una ilusión más de las suyas.
Pero llegó a su lado, le dio la mano y la ayudó a levantarse de una vez por todas. Ella, no pudo más que llorar. Lágrimas de felicidad.
Luego, la abrazó fuerte, muy fuerte. Como si con ese abrazo le asegurase no moverse de su lado nunca más.
Ella, por su parte, sonrió. Después de tanto tiempo volvió a sacar esa sonrisa que sólo él provocaba, y ahora más que nunca.
- Gracias.
- ¿Por qué?
- Por volver.
Abrió los ojos de golpe. Lo oscuro de la habitación le indicó que no había amanecido aún. Buscó la luz a tientas y se incorporó en la cama. Estaba tan acostumbrada a esa clase de sueños...
Se dio cuenta de que echarle de menos se había convertido en su día a día.






Últimamente sueño demasiado...
Un beso a todos
♥

domingo, 24 de abril de 2011

Hubo un momento en que se agudizaron todos y cada uno de sus sentidos

Sus pies se hundían en la suave arena húmeda a medida que avanzaba por la playa, mientras pequeñas gotas saladas acariciaban sus tobillos y, de vez en cuando, mojaban su vestido blanco. El sol comenzaba a dar pinceladas anaranjadas y la brisa hacía revolotear su pelo sin ton ni son. 
Caminó durante no se sabe cuánto tiempo hasta que acabó por sentarse en la arena para contemplar la puesta de sol. Respiró profundamente y sonrió; adoraba ese olor, ese perfume a brisa marina que le daba una sensación de libertad increíble.
Fue entonces, en ese momento, cuando se agudizaron todos sus sentidos. Al principio no se había percatado pero, poco a poco, su mente fue recopilando detalles de ese lugar, llevándola a través del tiempo, hacia unos meses no tan lejanos que a ella le parecían eternos. Se recordó sentada sobre esa arena, dibujando cosas sin sentido sobre ella y haciéndole rabiar cada vez que lo salpicaba con el agua salada. Él. Él siempre permanecía a su lado contándole mil y una historias que ocurrían más allá de la línea del horizonte y abrazándola muy a menudo. 
De repente, el lugar comenzó a impregnarse de todos y cada uno de esos momentos. Los recuerdos de aquel verano inolvidable la invadieron por completo, pero esta vez era diferente a las demás. Esta vez no tuvo que salir corriendo evitando, como siempre, al pasado. Esta vez continuó sentada, contemplando el atardecer y, aunque recordando, haciéndolo con una sonrisa bien dibujada en la cara. Y se alegró al ver que la historia de nunca acabar había llegado a su fin.


Ahora, era el momento de vivir nuevos atardeceres.

Premio primavera ♥

Muchísimas gracias a Coquette y su baúl de sueños (http://coquetteysubaul.blogspot.com/) por este premio. Me alegra que te hayas acordado de mí a la hora de entregarlo y, sobre todo, que te guste el blog. 
Como siempre, espero que disfrutéis tanto leyendo como yo a la hora de escribir que, sin duda, es muchísimo :)


Mis premiados son:
- Cada quien hace su propia definición de la perfección (http://fragelle.blogspot.com/)
- El cielo es de muchos colores. (http://palabrasquesusurraelviento.blogspot.com/)
- Boleto de viaje (http://in94hours.blogspot.com/)

Felicidades a los premiados y un abrazo enorme a todos. Gracias por estar aquí ♥

martes, 19 de abril de 2011

Y es ahí, justo en ese momento, cuando te das cuenta de que las cosas solo ocurren una vez. Y por mucho que te esfuerces, ya nunca volverás a sentir lo mismo; ya nunca tendrás la sensación de estar a tres metros sobre el cielo.

3MSC

jueves, 14 de abril de 2011

Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos.

Y, sin darnos cuenta, llegó el día en el que el tiempo comenzó a hacer de las suyas. Empezó a correr y a correr sin previo aviso y nosotros, totalmente al margen, no nos dimos cuenta. 
De repente, cae la venda y vemos la verdad: todo ha cambiado; todos han cambiado. El cielo ya no es tan azul, lo que era realidad se ve ahora distorsionado, las sonrisas no son tan sinceras y los abrazos, ahora, se piden. 
Y nos quedamos perplejos mirando hacia algo en parte nuevo, pero que, por otro lado, sabíamos que llegaría. Nos quedamos así, como hipnotizados sin poder creer lo que está ocurriendo y sin dejar de preguntarnos en qué momento cambió todo.
¿En qué momento? Pues en todos. En cada uno de esos momentos, por muy pequeño que fuera, íbamos perdiendo algo, hasta que llegó el día en que lo perdimos todo.
Todo, incluso las cosas más pequeñas, acabaron moviéndose de su lugar mientras nosotros hacíamos por evitarlo a nuestra manera. Nos despedimos de cientos de cosas, de miradas, de sonrisas, de personas; pero son cosas que sabemos que permanecerán en nuestros recuerdos para siempre. Sin embargo, aparecen otras sonrisas nuevas, personas que dan giros de 180º a nuestro mundo y experiencias que tampoco olvidaremos. Por eso, creo que el tiempo no siempre va en nuestra contra. 
Despídete con una sonrisa de aquello que se fue, y no lo olvides nunca. Pero sonríe aún más por todo lo que llega.

jueves, 7 de abril de 2011

Mamá, de mayor quiero ser dibujante de sonrisas

Siempre fue su sueño. Por muy alocado que llegara a parecer con el paso de los años, el hecho de dibujar sonrisas en las personas no dejó de resultar nunca una aventura de lo más intrépida. 
Y es que, ¿por qué era todo el mundo tan serio a veces? Jamás lo entendería. Por eso, se dedicó a ello por completo. A lo largo de toda su vida se encargó de dibujar sonrisas en su familia, de sacar ese par de hoyitos en todos sus amigos y de conseguir carcajadas hasta en las personas que no conocía.
Porque ella sabía que la felicidad se compone de pequeños detalles, y una sonrisa siempre ayuda.


Muchísimas gracias a esos 100 seguidores, de verdad. Me alegra que os guste el blog, y espero que disfrutéis tanto leyendo como yo escribiendo.
Un abrazo enorme ♥
Naïve

Y es que la vida no se mide por las veces que respiras, sino por los momentos que te dejan sin aliento.
Hitch

lunes, 4 de abril de 2011

Recuerdos melódicos

Ni siquiera se dio cuenta de que la canción que escuchaba ya había terminado. Fue un par de segundos más tarde, mientras empezaba a sonar una nueva melodía cuando apreció la familiaridad de aquellas notas. Se reincorporó en el sofá y se le escapó una amplísima sonrisa, una de esas llenas de recuerdos, pero de los buenos.
Hacía tanto tiempo que no escuchaba aquella canción... y es que, ¿quién podría pensar que seguiría teniendo las canciones de Disney en su reproductor de música? Seguramente nadie. Pero, en ese momento, se sintió inmensamente feliz por no haberlas borrado.
Comenzó a tararear la canción que, cómo no, seguía conociendo a la perfección a pesar del paso del tiempo. Recordó entonces las miles de veces que preparaba su habitación y daba un concierto a toda su familia cantando sin parar durante varias horas. También se acordó de las tardes con sus amigas, de las mañanas de recreo en el patio del colegio, y de los días en los que veía una y otra vez las películas cuyas bandas sonoras conocía de memoria y ahora escuchaba a través de sus auriculares.
Le encantaba regresar de vez en cuando a su niñez, escuchar la letra de aquellas canciones y reconocer la dulzura de sus palabras, soñando con cada una de ellas. Desconectar de un mundo de adultos en el que nunca se imaginó estar. 

Recuerdos melódicos que hacían las veces de máquina del tiempo, devolviéndole las sonrisas sinceras que, de vez en cuando, todos necesitamos.

lunes, 28 de marzo de 2011


Una tarde más andaba por una de esas calles de la gran ciudad que la había cautivado hacía ya bastantes años. Sin duda, Londres había cambiado mucho desde entonces.
Las horas habían pasado volando y se sorprendió al ver cómo un tono anaranjado comenzaba a cubrir los tejados de los edificios mientras el sol trataba de ocultarse mucho más allá de lo que su vista pudo alcanzar. Aún así, a pesar de la hora, no dudó en pasear por el parque que se encontraba a tan solo dos manzanas, ese que siempre le gustó y al que acudía cada día rigurosamente. 
Las hojas secas del suelo se acomodaron a su paso lento mientras ella, atentamente, comenzaba a leer todas aquellas palabras escritas en bancos y árboles. Letras que desprendían amor con sólo mirarlas y que, además, contaban historias con las que a ella siempre le gustaba soñar. Fantasmas de cientos y cientos de parejas que acudían a su encuentro. Miles de promesas, muchas cumplidas y otras tantas sin cumplir, quien sabe, pero le encantaba mirarlas y darse cuenta de que, después de todo, existían cosas por las que sonreír. 
Una lluvia suave comenzó a deslizarse por su piel arrugada por el paso de los años. Ella, poco a poco, sacó su paraguas y lo abrió para resguardarse del agua. Decidió volver sobre sus pasos y regresar a casa; ya había sido suficiente por hoy.
Entonces, cuando apenas había dado unos pasos se fijó en el tronco de un viejo árbol que le resultaba familiar, pero en el que nunca se había fijado detenidamente. Se acercó con cuidado y, a duras penas, logró leer lo que, torpe pero románticamente, habían escrito. De repente, los recuerdos la invadieron por completo. ¿Cómo olvidar el día en el que él, mientras paseaba con ella de la mano, se topó con aquel árbol? No pudo más que sonreír de nuevo, con añoranza, pero ahora con la certeza de que existen ciertas cosas que ni siquiera el tiempo consigue borrar.

viernes, 18 de marzo de 2011

Punto y final

Quise quedarme ahí, donde estaba, que se acercara y, con un simple hola, me llevara a un mundo aparte. Quise verle de cerca, recordar la profundidad de sus ojos. Quise notar su piel cerca. Pero nada de eso ocurrió. Apareció en ese momento esa yo que nunca había conocido, esa que apartó la mirada y salió lo más rápido posible de ese lugar. Esa yo que, por primera vez, no le esperó, a pesar de que me doliera infinitamente. 
Y es que hoy, a pesar de todo, me di cuenta de que no puedo seguir esperando a ver esa mirada, esa sonrisa o esa voz, porque todo, absolutamente todo ha cambiado. Su mirada no es la misma porque ya no refleja mi sonrisa, su sonrisa ya no aparece gracias a mis tonterías, y su voz... su voz ya no habla de un nosotros. 


Y ahora, sólo un par de líneas para esas personas que se que saben que hoy colgaría una entrada como esta. Porque a pesar de todo el tiempo que ha pasado no dejan de animarme con sus miles de abrazos. La verdad es que gracias se quedaría muy muy corto♥



lunes, 14 de marzo de 2011

Tal vez sea mejor así

Olvidarte y pasar página; es más, empezar un nuevo libro en el que tú no aparezcas ni en un solo capítulo. Evitar esa canción tan tuya como mía. Olvidar mi sensación cuando estaba contigo. Comenzar a mirar lo que me rodea con otros ojos, unos que no sólo te vean a ti. Borrar los pequeños instantes, que siempre fueron los más importantes. Cambiar tu olor por el del chocolate caliente, y tus carcajadas por las de mis amigos, que nunca se fueron. No imaginar en un libro nuestra "perfecta" historia. No contagiar mis caras largas por tu culpa. Volver a sonreír tal y como lo hacía antes.

Terminar mi absurda carta de despedida de una vez por todas y, al fin, poder decirte adiós. Puede que sea mejor así, para que dentro de un tiempo mire hacia atrás y pueda sonreír recordando aquello que tú, desde que te fuiste, me ayudaste a comprender: son esa clase de golpes los que te hacen un poquito más fuerte.
Alguien me dijo una vez que en el momento en que te paras a pensar si quieres a alguien, ya has dejado de quererle para siempre.


Carlos Ruíz Zafón - La Sombra del viento

domingo, 13 de marzo de 2011

Mejor un adiós a tiempo...

... que continuar escribiendo la primera frase de mi carta de despedida.

viernes, 11 de marzo de 2011

Un momento de silencio, apenas unos segundos que, a pesar de no decir nada, lo dijeron todo. Una mirada llegó a hablar mucho más de lo que nunca llegamos a hablar tú y yo. Y esa mirada me dijo que me fuera, que saliera corriendo de aquel lugar porque, a pesar de romperme en mil pedazos, todo había acabado.
¿Y ahora? Ahora ya ha pasado mucho tiempo desde todo aquello; demasiado diría yo. Aún así, yo todavía tengo miedo a que me olvides porque, aunque todos esos pedacitos en los que me rompí no han vuelto a su lugar todavía, estoy totalmente segura de que en todos ellos queda algo de ti. 
Tus abrazos se esfumaron, pero yo no los olvido. Tampoco me arrepiento de ninguno de ellos, de hecho, creo que son de los mejores que recibí nunca. 
Y, a pesar de todo esto, aunque no lo parezca ya no te quiero. No te olvido, es cierto, pero ya no te quiero. Los recuerdos no se destruyen, y tú formas parte de muchos de los míos.


sábado, 5 de marzo de 2011

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"Hay que pensar que si las cosas cambian es para bien"

Pero yo aún no me acostumbro a los cambios